Café de Hidalgo enfrenta coyotaje y bajos precios: productora
Café de Hidalgo enfrenta coyotaje y bajos precios: productora
Daniel Pérez González.- María Dolores Ortiz Oviedo, cafeticultora de San Bartolo Tutotepec, denuncia la reventa de granos convencionales como café de especialidad y advierte que los bajos precios amenazan la continuidad del cultivo. Desde la Feria San Francisco 2026, en Pachuca, promueve la marca Cafetti; Finca Tierra Café, elaborado artesanalmente en la sierra Otomí-Tepehua, con participación de pequeños productores y mujeres de la región.
Con 10 años de emprendimiento, Ortiz Oviedo busca abrir mercado para el café hidalguense y demostrar que detrás de una buena taza existe un proceso que comienza en el campo, continúa con la selección y fermentación del grano y termina con un tostado cuidadoso.
Su apuesta va más allá de vender una bebida. También busca defender el trabajo de las familias cafeticultoras, preservar las técnicas tradicionales y evitar que los intermediarios se apropien del valor de un producto que requiere conocimiento, tiempo y esfuerzo.
El café que promueve María Dolores Ortiz proviene de San Bartolo Tutotepec, municipio enclavado en la sierra Otomí-Tepehua, donde las condiciones geográficas permiten cultivar café de altura.
La productora explicó que sus plantaciones se encuentran entre mil 100 y mil 350 metros sobre el nivel del mar, una característica que favorece el desarrollo de granos con cualidades particulares, siempre que se mantengan los cuidados necesarios durante su producción y procesamiento.
A diferencia de quienes únicamente compran, empacan y comercializan el grano, aseguró que su emprendimiento participa en todas las etapas, desde la producción en la sierra hasta la preparación final de la bebida.
Uno de los rasgos distintivos es el tostado en comal de barro, una práctica que busca conservar la identidad artesanal del producto y mantener el vínculo con las tradiciones de la región.
Este proceso también tiene una dimensión social. La actividad permite generar oportunidades de empleo para mujeres, quienes participan en una cadena productiva que busca dar mayor valor al café cultivado en comunidades rurales.
Uno de los principales problemas que enfrenta el sector, señaló Ortiz Oviedo, es la falta de interés de las nuevas generaciones por continuar con el cultivo.
La razón está relacionada con la rentabilidad. De acuerdo con la productora, el precio del café está sujeto a las variaciones del mercado internacional, lo que repercute en el pago que reciben quienes lo producen y limita sus posibilidades de obtener ingresos suficientes.
Cuando el esfuerzo de sembrar, cuidar, cosechar y procesar el grano no se traduce en una remuneración adecuada, el campo pierde atractivo para los jóvenes.
El riesgo es que las familias abandonen progresivamente una actividad que forma parte de la economía y la identidad de distintas comunidades hidalguenses.
Ortiz Oviedo reconoció que programas como Sembrando Vida han contribuido a impulsar la recuperación de las actividades agrícolas, aunque mantener la producción también exige mejores condiciones de comercialización y oportunidades para que los productores vendan directamente.
La cafeticultora consideró que fortalecer los emprendimientos locales puede ayudar a construir alternativas económicas para las familias que dependen de este cultivo.
La roya, otra amenaza para los cafetales
A las dificultades económicas se suma la presencia de la roya del cafeto, una enfermedad que afecta las hojas de las plantas y puede reducir su capacidad productiva.
Ortiz Oviedo explicó que la variedad arábiga ha resentido sus efectos, por lo que algunos productores han explorado otras variedades, entre ellas Geisha y Costa Rica, que, según su experiencia, han mostrado mayor resistencia en determinadas condiciones.
Sin embargo, la elección de variedades no elimina por sí sola los problemas del sector. Los productores también necesitan cuidar las plantaciones, mejorar las prácticas agrícolas y asegurar que el grano llegue al mercado con una calidad que justifique su precio.
La combinación de enfermedades, costos de producción y bajos ingresos coloca a los cafeticultores ante el desafío de mantener sus tierras productivas sin perder la rentabilidad de su trabajo.
¿Cómo reconocer un café de calidad?
Para Ortiz Oviedo, la diferencia entre un café ordinario y uno de especialidad no depende únicamente del empaque, la marca o el aroma que desprende el grano tostado.
La calidad comienza con la selección de las cerezas maduras, continúa con una fermentación controlada y requiere retirar los frutos defectuosos antes de avanzar a las siguientes etapas del procesamiento.
La productora explicó que una selección deficiente y un manejo inadecuado pueden generar sabores desagradables, asociados con humedad o tierra, que afectan la experiencia de quien consume la bebida.
Por ello, insistió en que el tostado debe realizarse de manera cuidadosa para conservar las características del grano y obtener una taza con mejores cualidades.
También destacó el interés de consumidores jóvenes por conocer más sobre el café y buscar productos con procesos mejor cuidados. Esta tendencia, dijo, abre oportunidades para pequeños productores que apuestan por la calidad y la diferenciación.
La recomendación para los consumidores es informarse sobre el origen del grano, las prácticas de producción y el proceso que respalda la calidad anunciada por cada marca.
La crítica más directa de la cafeticultora se dirigió a los intermediarios que, según denunció, compran café convencional, lo colocan en empaques atractivos y lo comercializan como producto de especialidad sin garantizar que haya recibido un proceso adecuado.
Ortiz Oviedo identificó esta práctica con el llamado coyotaje, una situación que puede confundir al consumidor y perjudicar a quienes invierten en mejorar la calidad desde el cultivo.
Aclaró que la distribución y la reventa también pueden contribuir a llevar el café a nuevos mercados. El problema, sostuvo, aparece cuando se utiliza la presentación comercial para atribuir características que no están respaldadas por el producto.
Su postura es que las marcas deben demostrar el origen y el tratamiento del grano, en lugar de utilizar únicamente una imagen atractiva para justificar precios más elevados.
La denuncia pone sobre la mesa un reto para el mercado: distinguir entre una estrategia de venta y un producto que realmente cumple con los estándares de calidad que promete.
Desde la Feria San Francisco 2026, Ortiz Oviedo llamó a los consumidores a respaldar a los comercios y emprendimientos locales, especialmente aquellos que trabajan directamente con productores.
Consideró que comprar café hidalguense permite reconocer el esfuerzo de las comunidades rurales y generar condiciones para que esta actividad continúe como una fuente de ingresos.
Con Cafetti y Finca Tierra Café, busca consolidar una propuesta que combina producción regional, elaboración artesanal y participación de mujeres.
Su mensaje es claro: el futuro del café de Hidalgo no depende solamente de producir más, sino de vender mejor, garantizar la calidad y pagar de manera justa a quienes trabajan la tierra.
Para los pequeños cafeticultores, el desafío consiste en competir en un mercado donde el precio, la presentación y la distribución pueden pesar tanto como el sabor. Para los consumidores, la oportunidad está en mirar más allá de la bolsa y reconocer el trabajo que hay detrás de cada taza.
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Daniel Pérez González.- María Dolores Ortiz Oviedo, cafeticultora de San Bartolo Tutotepec, denuncia la reventa de granos convencionales como café de especialidad y advierte que los bajos precios amenazan la continuidad del cultivo. Desde la Feria San Francisco 2026, en Pachuca, promueve la marca Cafetti; Finca Tierra Café, elaborado artesanalmente en la sierra Otomí-Tepehua, con participación de pequeños productores y mujeres de la región.
Con 10 años de emprendimiento, Ortiz Oviedo busca abrir mercado para el café hidalguense y demostrar que detrás de una buena taza existe un proceso que comienza en el campo, continúa con la selección y fermentación del grano y termina con un tostado cuidadoso.
Su apuesta va más allá de vender una bebida. También busca defender el trabajo de las familias cafeticultoras, preservar las técnicas tradicionales y evitar que los intermediarios se apropien del valor de un producto que requiere conocimiento, tiempo y esfuerzo.
El café que promueve María Dolores Ortiz proviene de San Bartolo Tutotepec, municipio enclavado en la sierra Otomí-Tepehua, donde las condiciones geográficas permiten cultivar café de altura.
La productora explicó que sus plantaciones se encuentran entre mil 100 y mil 350 metros sobre el nivel del mar, una característica que favorece el desarrollo de granos con cualidades particulares, siempre que se mantengan los cuidados necesarios durante su producción y procesamiento.
A diferencia de quienes únicamente compran, empacan y comercializan el grano, aseguró que su emprendimiento participa en todas las etapas, desde la producción en la sierra hasta la preparación final de la bebida.
Uno de los rasgos distintivos es el tostado en comal de barro, una práctica que busca conservar la identidad artesanal del producto y mantener el vínculo con las tradiciones de la región.
Este proceso también tiene una dimensión social. La actividad permite generar oportunidades de empleo para mujeres, quienes participan en una cadena productiva que busca dar mayor valor al café cultivado en comunidades rurales.
Uno de los principales problemas que enfrenta el sector, señaló Ortiz Oviedo, es la falta de interés de las nuevas generaciones por continuar con el cultivo.
La razón está relacionada con la rentabilidad. De acuerdo con la productora, el precio del café está sujeto a las variaciones del mercado internacional, lo que repercute en el pago que reciben quienes lo producen y limita sus posibilidades de obtener ingresos suficientes.
Cuando el esfuerzo de sembrar, cuidar, cosechar y procesar el grano no se traduce en una remuneración adecuada, el campo pierde atractivo para los jóvenes.
El riesgo es que las familias abandonen progresivamente una actividad que forma parte de la economía y la identidad de distintas comunidades hidalguenses.
Ortiz Oviedo reconoció que programas como Sembrando Vida han contribuido a impulsar la recuperación de las actividades agrícolas, aunque mantener la producción también exige mejores condiciones de comercialización y oportunidades para que los productores vendan directamente.
La cafeticultora consideró que fortalecer los emprendimientos locales puede ayudar a construir alternativas económicas para las familias que dependen de este cultivo.
La roya, otra amenaza para los cafetales
A las dificultades económicas se suma la presencia de la roya del cafeto, una enfermedad que afecta las hojas de las plantas y puede reducir su capacidad productiva.
Ortiz Oviedo explicó que la variedad arábiga ha resentido sus efectos, por lo que algunos productores han explorado otras variedades, entre ellas Geisha y Costa Rica, que, según su experiencia, han mostrado mayor resistencia en determinadas condiciones.
Sin embargo, la elección de variedades no elimina por sí sola los problemas del sector. Los productores también necesitan cuidar las plantaciones, mejorar las prácticas agrícolas y asegurar que el grano llegue al mercado con una calidad que justifique su precio.
La combinación de enfermedades, costos de producción y bajos ingresos coloca a los cafeticultores ante el desafío de mantener sus tierras productivas sin perder la rentabilidad de su trabajo.
¿Cómo reconocer un café de calidad?
Para Ortiz Oviedo, la diferencia entre un café ordinario y uno de especialidad no depende únicamente del empaque, la marca o el aroma que desprende el grano tostado.
La calidad comienza con la selección de las cerezas maduras, continúa con una fermentación controlada y requiere retirar los frutos defectuosos antes de avanzar a las siguientes etapas del procesamiento.
La productora explicó que una selección deficiente y un manejo inadecuado pueden generar sabores desagradables, asociados con humedad o tierra, que afectan la experiencia de quien consume la bebida.
Por ello, insistió en que el tostado debe realizarse de manera cuidadosa para conservar las características del grano y obtener una taza con mejores cualidades.
También destacó el interés de consumidores jóvenes por conocer más sobre el café y buscar productos con procesos mejor cuidados. Esta tendencia, dijo, abre oportunidades para pequeños productores que apuestan por la calidad y la diferenciación.
La recomendación para los consumidores es informarse sobre el origen del grano, las prácticas de producción y el proceso que respalda la calidad anunciada por cada marca.
La crítica más directa de la cafeticultora se dirigió a los intermediarios que, según denunció, compran café convencional, lo colocan en empaques atractivos y lo comercializan como producto de especialidad sin garantizar que haya recibido un proceso adecuado.
Ortiz Oviedo identificó esta práctica con el llamado coyotaje, una situación que puede confundir al consumidor y perjudicar a quienes invierten en mejorar la calidad desde el cultivo.
Aclaró que la distribución y la reventa también pueden contribuir a llevar el café a nuevos mercados. El problema, sostuvo, aparece cuando se utiliza la presentación comercial para atribuir características que no están respaldadas por el producto.
Su postura es que las marcas deben demostrar el origen y el tratamiento del grano, en lugar de utilizar únicamente una imagen atractiva para justificar precios más elevados.
La denuncia pone sobre la mesa un reto para el mercado: distinguir entre una estrategia de venta y un producto que realmente cumple con los estándares de calidad que promete.
Desde la Feria San Francisco 2026, Ortiz Oviedo llamó a los consumidores a respaldar a los comercios y emprendimientos locales, especialmente aquellos que trabajan directamente con productores.
Consideró que comprar café hidalguense permite reconocer el esfuerzo de las comunidades rurales y generar condiciones para que esta actividad continúe como una fuente de ingresos.
Con Cafetti y Finca Tierra Café, busca consolidar una propuesta que combina producción regional, elaboración artesanal y participación de mujeres.
Su mensaje es claro: el futuro del café de Hidalgo no depende solamente de producir más, sino de vender mejor, garantizar la calidad y pagar de manera justa a quienes trabajan la tierra.
Para los pequeños cafeticultores, el desafío consiste en competir en un mercado donde el precio, la presentación y la distribución pueden pesar tanto como el sabor. Para los consumidores, la oportunidad está en mirar más allá de la bolsa y reconocer el trabajo que hay detrás de cada taza.
