El pan de la sierra reivindica la identidad de Hidalgo
El pan de la sierra reivindica la identidad de Hidalgo
Daniel Pérez González.- Con más de 50 años de tradición familiar, la panadería Doña Chávez lleva a la Feria San Francisco 2026 el sabor de la sierra hidalguense y una variedad de panes artesanales que preservan la identidad de Tanguistengo. Miguel Hernández Carpio, expositor del municipio, busca conquistar a los consumidores de Pachuca con recetas tradicionales, hornos de leña y piezas que conservan la memoria de los pueblos.
Su participación en la feria no solo representa una oportunidad comercial. También permite acercar a las nuevas generaciones a una tradición gastronómica que forma parte de la cultura de Hidalgo y que enfrenta el reto de mantenerse vigente frente a los cambios en los hábitos de consumo.
En una capital donde el pan suele asociarse con conchas, orejas y chilindrinas, la propuesta de Tanguistengo ofrece otra experiencia: panes de manteca, roscas de sal, galletas de fruta de horno y especialidades de queso elaboradas con recetas propias de la región.
Para Miguel Hernández, una de las principales características del pan de la sierra es su elaboración en hornos de leña, una práctica que comparte con distintas comunidades de la Huasteca hidalguense.
Aunque existen similitudes entre ambas tradiciones, cada localidad conserva sus propias recetas, formas de preparación y variedades. El resultado es una oferta de panadería que refleja la historia y las costumbres de las familias productoras.
Hernández reconoció que en Pachuca existen panaderos de gran calidad, pero destacó que los métodos tradicionales de cocción mantienen un sabor particular que muchos consumidores relacionan con los pueblos donde crecieron.
El objetivo, explicó, es conservar esa identidad sin renunciar a la posibilidad de llevar sus productos a nuevos mercados.
La presencia en la Feria San Francisco permite que habitantes de la zona metropolitana conozcan panes que no suelen encontrarse en las panaderías comerciales de la capital.
La oferta de Doña Chávez incluye distintas piezas con nombres y características que forman parte de la tradición local.
Entre las más conocidas se encuentran las rosquitas de sal, el pan de manteca y las piedritas de mantequilla, preparaciones que requieren procesos específicos para conservar su textura y sabor.
Hernández destacó especialmente las piedritas de mantequilla, porque su panadería prepara una masa exclusiva para elaborarlas. Según explicó, en otros establecimientos este tipo de pieza puede producirse con sobrantes de otras masas, mientras que en su negocio se trabaja con una preparación destinada específicamente a ese producto.
La diferencia, señaló, está en respetar la receta y el proceso de elaboración.
A esta variedad se suman el pan blanco o pan de agua, conocido por su consistencia firme; el cielito, una pieza de queso que ha dado reconocimiento a la tradición panadera del municipio, y la bola turca, preparada con mantequilla y queso.
También ofrecen fruta de horno, una galleta elaborada con mantequilla y manteca, además de empanadas de queso conocidas como carteras y piezas rellenas que reciben el nombre de bicicletas de queso.
La variedad busca atraer tanto a quienes conocen estas recetas desde la infancia como a los consumidores que las prueban por primera vez.
Entre las especialidades que más solicitan los visitantes destaca el cielito de queso, un pan que, de acuerdo con Hernández, contribuyó a que la localidad obtuviera reconocimiento dentro de la distinción de Pueblos con Sabor.
Este reconocimiento representa una oportunidad para proyectar la gastronomía local y convertirla en un elemento de promoción turística.
La panadería tradicional puede funcionar como un vínculo entre la economía familiar, la identidad cultural y la llegada de visitantes interesados en conocer los sabores de cada municipio.
Para los productores, este tipo de escaparates ayuda a difundir sus productos más allá de sus comunidades y permite que el público identifique la procedencia de los alimentos que consume.
En la Feria San Francisco, el expositor presenta el cielito junto con otras piezas características de Tanguistengo, con la intención de que los visitantes conozcan la diversidad de la panadería regional y no se queden únicamente con las variedades más populares de las ciudades.
Un pan para acompañar el café
Uno de los aspectos que más llaman la atención de quienes prueban el pan de Tanguistengo es su consistencia. Algunas piezas son más firmes que las variedades suaves que predominan en las panaderías urbanas.
Sin embargo, Hernández explicó que esa característica forma parte de la manera tradicional de consumirlo.
El pan blanco, por ejemplo, está pensado para acompañar el café y remojarlo en la bebida caliente, una costumbre que permanece en muchas familias de los pueblos hidalguenses.
Más que un defecto, su textura responde a una forma de preparación y consumo que ha pasado de generación en generación.
Para quienes viven lejos de sus comunidades de origen, volver a probar estas piezas puede convertirse en una experiencia ligada a los recuerdos familiares, las reuniones en casa y las costumbres de la infancia.
El expositor recomendó el pan de manteca a quienes buscan una primera experiencia con la panadería de Tanguistengo. Acompañado de café, dijo, permite apreciar mejor el sabor y la textura de una receta que se ha mantenido durante décadas.
Más de medio siglo frente al reto de preservar la tradición
La panadería Doña Chávez cuenta con más de 50 años de tradición, un legado que representa el trabajo de las familias que han mantenido viva la elaboración artesanal del pan en la región.
Su presencia en Pachuca refleja el esfuerzo de pequeños negocios que buscan ampliar sus ventas sin perder los métodos que les dieron identidad.
En un mercado donde la producción industrial y los productos estandarizados tienen una amplia presencia, los panaderos tradicionales deben encontrar nuevas formas de acercarse a los consumidores y explicar qué hace diferente a cada pieza.
La participación en ferias comerciales y gastronómicas permite mostrar sus productos, fortalecer el reconocimiento de sus municipios y generar oportunidades de ingreso para los negocios familiares.
Para Hernández Carpio, llevar el pan de Tanguistengo a la capital significa compartir una parte de su comunidad con personas que quizá nunca han probado estas especialidades.
La apuesta es que cada pieza sirva como una invitación a conocer la riqueza gastronómica de Hidalgo y a valorar el trabajo de quienes mantienen vivas las recetas de sus pueblos.
Desde el horno de leña hasta la mesa de los consumidores, la panadería Doña Chávez defiende una tradición que no solo alimenta: también conserva historia, identidad y memoria colectiva.
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Daniel Pérez González.- Con más de 50 años de tradición familiar, la panadería Doña Chávez lleva a la Feria San Francisco 2026 el sabor de la sierra hidalguense y una variedad de panes artesanales que preservan la identidad de Tanguistengo. Miguel Hernández Carpio, expositor del municipio, busca conquistar a los consumidores de Pachuca con recetas tradicionales, hornos de leña y piezas que conservan la memoria de los pueblos.
Su participación en la feria no solo representa una oportunidad comercial. También permite acercar a las nuevas generaciones a una tradición gastronómica que forma parte de la cultura de Hidalgo y que enfrenta el reto de mantenerse vigente frente a los cambios en los hábitos de consumo.
En una capital donde el pan suele asociarse con conchas, orejas y chilindrinas, la propuesta de Tanguistengo ofrece otra experiencia: panes de manteca, roscas de sal, galletas de fruta de horno y especialidades de queso elaboradas con recetas propias de la región.
Para Miguel Hernández, una de las principales características del pan de la sierra es su elaboración en hornos de leña, una práctica que comparte con distintas comunidades de la Huasteca hidalguense.
Aunque existen similitudes entre ambas tradiciones, cada localidad conserva sus propias recetas, formas de preparación y variedades. El resultado es una oferta de panadería que refleja la historia y las costumbres de las familias productoras.
Hernández reconoció que en Pachuca existen panaderos de gran calidad, pero destacó que los métodos tradicionales de cocción mantienen un sabor particular que muchos consumidores relacionan con los pueblos donde crecieron.
El objetivo, explicó, es conservar esa identidad sin renunciar a la posibilidad de llevar sus productos a nuevos mercados.
La presencia en la Feria San Francisco permite que habitantes de la zona metropolitana conozcan panes que no suelen encontrarse en las panaderías comerciales de la capital.
La oferta de Doña Chávez incluye distintas piezas con nombres y características que forman parte de la tradición local.
Entre las más conocidas se encuentran las rosquitas de sal, el pan de manteca y las piedritas de mantequilla, preparaciones que requieren procesos específicos para conservar su textura y sabor.
Hernández destacó especialmente las piedritas de mantequilla, porque su panadería prepara una masa exclusiva para elaborarlas. Según explicó, en otros establecimientos este tipo de pieza puede producirse con sobrantes de otras masas, mientras que en su negocio se trabaja con una preparación destinada específicamente a ese producto.
La diferencia, señaló, está en respetar la receta y el proceso de elaboración.
A esta variedad se suman el pan blanco o pan de agua, conocido por su consistencia firme; el cielito, una pieza de queso que ha dado reconocimiento a la tradición panadera del municipio, y la bola turca, preparada con mantequilla y queso.
También ofrecen fruta de horno, una galleta elaborada con mantequilla y manteca, además de empanadas de queso conocidas como carteras y piezas rellenas que reciben el nombre de bicicletas de queso.
La variedad busca atraer tanto a quienes conocen estas recetas desde la infancia como a los consumidores que las prueban por primera vez.
Entre las especialidades que más solicitan los visitantes destaca el cielito de queso, un pan que, de acuerdo con Hernández, contribuyó a que la localidad obtuviera reconocimiento dentro de la distinción de Pueblos con Sabor.
Este reconocimiento representa una oportunidad para proyectar la gastronomía local y convertirla en un elemento de promoción turística.
La panadería tradicional puede funcionar como un vínculo entre la economía familiar, la identidad cultural y la llegada de visitantes interesados en conocer los sabores de cada municipio.
Para los productores, este tipo de escaparates ayuda a difundir sus productos más allá de sus comunidades y permite que el público identifique la procedencia de los alimentos que consume.
En la Feria San Francisco, el expositor presenta el cielito junto con otras piezas características de Tanguistengo, con la intención de que los visitantes conozcan la diversidad de la panadería regional y no se queden únicamente con las variedades más populares de las ciudades.
Un pan para acompañar el café
Uno de los aspectos que más llaman la atención de quienes prueban el pan de Tanguistengo es su consistencia. Algunas piezas son más firmes que las variedades suaves que predominan en las panaderías urbanas.
Sin embargo, Hernández explicó que esa característica forma parte de la manera tradicional de consumirlo.
El pan blanco, por ejemplo, está pensado para acompañar el café y remojarlo en la bebida caliente, una costumbre que permanece en muchas familias de los pueblos hidalguenses.
Más que un defecto, su textura responde a una forma de preparación y consumo que ha pasado de generación en generación.
Para quienes viven lejos de sus comunidades de origen, volver a probar estas piezas puede convertirse en una experiencia ligada a los recuerdos familiares, las reuniones en casa y las costumbres de la infancia.
El expositor recomendó el pan de manteca a quienes buscan una primera experiencia con la panadería de Tanguistengo. Acompañado de café, dijo, permite apreciar mejor el sabor y la textura de una receta que se ha mantenido durante décadas.
Más de medio siglo frente al reto de preservar la tradición
La panadería Doña Chávez cuenta con más de 50 años de tradición, un legado que representa el trabajo de las familias que han mantenido viva la elaboración artesanal del pan en la región.
Su presencia en Pachuca refleja el esfuerzo de pequeños negocios que buscan ampliar sus ventas sin perder los métodos que les dieron identidad.
En un mercado donde la producción industrial y los productos estandarizados tienen una amplia presencia, los panaderos tradicionales deben encontrar nuevas formas de acercarse a los consumidores y explicar qué hace diferente a cada pieza.
La participación en ferias comerciales y gastronómicas permite mostrar sus productos, fortalecer el reconocimiento de sus municipios y generar oportunidades de ingreso para los negocios familiares.
Para Hernández Carpio, llevar el pan de Tanguistengo a la capital significa compartir una parte de su comunidad con personas que quizá nunca han probado estas especialidades.
La apuesta es que cada pieza sirva como una invitación a conocer la riqueza gastronómica de Hidalgo y a valorar el trabajo de quienes mantienen vivas las recetas de sus pueblos.
Desde el horno de leña hasta la mesa de los consumidores, la panadería Doña Chávez defiende una tradición que no solo alimenta: también conserva historia, identidad y memoria colectiva.
